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Más de 30 años de investigación científica logran recuperar a la cotorra margariteña

Esta ave fue declarada Ave Regional del estado Nueva Esparta mediante decreto Nº830 de fecha 13 de agosto de 1990

Tras más de tres décadas de seguimiento científico y trabajo comunitario en la Península de Macanao, la población en libertad de la cotorra margariteña (Amazona barbadensis) supera actualmente los 2.000 ejemplares. Este logro de conservación resguarda a una especie emblemática de la fauna neoespartana.

La cotorra margariteña es un loro mediano de plumaje verde intenso, hombros amarillos y corona dorada. Ave gregaria y muy vocal, se mueve en bandadas ruidosas al amanecer y al atardecer, constituyendo un símbolo vivo de la geografía insular.

La historia de la especie está marcada por una constante lucha por la supervivencia. Durante siglos ocupó la franja árida del norte de Venezuela en estados como Falcón, Lara, Sucre y Anzoátegui, además de las islas de Bonaire, Curazao y Aruba. Sin embargo, el avance urbano, la deforestación y el tráfico ilegal para el mercado de mascotas redujeron progresivamente su hábitat.

Refugio natural y ecología en la Península de Macanao

La Península de Macanao ofreció un entorno clave para su subsistencia. Sus quebradas secas, bosques de galería y vegetación xerófita brindan la alimentación y las cavidades en troncos vetustos necesarias para su anidación.

En este bosque seco tropical, la cotorra se alimenta de semillas, flores y frutos de plantas como el guayacán, el cují yaque, el yabo, el cotoperíz y el melón de monte. El ciclo de maduración de estos frutos guía los desplazamientos diarios de las bandadas a lo largo del territorio peninsular.

Durante el período reproductivo, entre marzo y agosto, las parejas buscan cavidades naturales en árboles viejos de palo sano o guayacán. La hembra incuba de dos a cuatro huevos mientras el macho busca alimento. Debido a la tala histórica, la escasez de estos árboles maduros sigue siendo un factor limitante para su crecimiento.

Identidad, folclore y protección legal

El vínculo entre la cotorra y la población de Margarita trasciende el ámbito ecológico. Su presencia destaca en la poesía tradicional, las décimas espinelas y los cantos de galerón. Para comunidades como Boca de Río y San Francisco, el ave es un vecino cotidiano que alegra el paisaje.

Frente al riesgo de extinción, el 13 de agosto de 1990 la cotorra fue declarada Ave Regional del Estado Nueva Esparta mediante el Decreto N.º 830. En el país figura como especie en peligro en el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, mientras que a nivel internacional está amparada por el Apéndice I de CITES.

A partir de dicha normativa, organizaciones no gubernamentales como Provita impulsaron programas de conservación. Estas iniciativas promovieron la custodia directa de nidos e involucraron activamente a los pobladores en la protección de su patrimonio natural.

Resultados alentadores y desafíos futuros

Durante los años setenta y ochenta, la extracción masiva de pichones redujo la población a menos de 700 individuos reproductores. Sin embargo, el trabajo coordinado de restauración de nidos y colocación de cavidades artificiales permitió triplicar la población en libertad.

A pesar de estos avances, los especialistas recuerdan que la estabilidad demográfica de la especie sigue siendo frágil. La tala irracional y los intentos aislados de saqueo de nidos exigen mantener la vigilancia ambiental. Garantizar el vuelo libre de la cotorra en Macanao asegura que la memoria y la voz del pueblo neoespartano sigan resonando para las futuras generaciones.

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