Descubre porqué la introversión no es lo mismo que timidez

¿Te gusta estar solo algunas veces y la gente asume que eres tímido?.
¿Piensas mucho antes de hablar y tus colegas creen que eres inseguro? Si rechazas una invitación a una fiesta, ¿tus amigos opinan que eres "raro"?.
Más que del mundo exterior, un introvertido "obtiene energía de las ideas, imágenes y recuerdos que están en su mundo interior", según la clasificación Myers-Briggs, basada en las enseñanzas del psiquiatra suizo Carl Jung y una de las más populares para determinar el tipo de personalidad.
Los introvertidos pueden parecer reservados y reflexivos, o dar la impresión de que actúan lentamente, de acuerdo a esta tipología. Disfrutan estando y haciendo cosas solos, como leer, por ejemplo.
"Es la preferencia por ambientes tranquilos, mínimamente estimulantes", dice.
Los cerebros de los introvertidos no están "cableados" para obtener la recompensa que reciben los extrovertidos al interactuar con la gente, explica Granneman.
Laurie Helgoe, autora de "El poder de la introversión: por qué tu vida interior es tu fuerza oculta", explica que a los introvertidos les gusta pensar antes de responder.
Como resultado, "las interacciones en las que hay espacio para reflexionar pueden ser muy placenteras para ellos", añade la psicóloga. "Mientras que las conversaciones entre extrovertidos pueden ser como partidos de tenis".
Entonces, como dice Granneman, "muchas" interacciones sociales resultan extenuantes, pero no todas.
Los introvertidos no son "asociales". Pueden socializar y lo hacen, solo que de manera diferente a la de los extrovertidos.
"Valoran las relaciones profundas y significativas, les encanta conectarse de manera auténtica y compartir sus ideas en un grupo pequeño o en una conversación de a dos", piensa Granneman.
La timidez, en cambio, explica esta misma autora, "es el miedo a que la gente nos juzgue negativamente", en prácticamente cualquier situación social.
"La timidez está enraizada en el miedo, mientras que la introversión es simplemente una preferencia, y no implica intrínsecamente nerviosismo o ansiedad", aclara.
"Por ejemplo, una persona tímida puede evitar un evento para entablar relaciones profesionales porque le estresa mucho la idea de conocer gente nueva (aunque en realidad sí quiera ir)", opina Granneman. "Sin embargo, un introvertido podría esquivar el mismo evento porque prefiere simplemente relajarse en casa".
La especialista indica que "tanto los introvertidos como los extrovertidos pueden experimentar timidez".
Confusión
Granneman reconoce que "tanto los introvertidos como los tímidos evitan la interacción social", pero por razones diferentes.
Tal vez, lo que sucede es que la timidez es más común en los introvertidos.
Granneman se pregunta "si tiene que ver con los mensajes que los introvertidos reciben de la sociedad, que prefiere las personalidades extrovertidas".
"Se les hace creer que hay algo mal con ellos, que son ’muy callados’, que deberían ’salir más de sí mismos’ y que es malo pasar tiempo a solas en lugar de salir un viernes por la noche", dice.
"Pueden sentirse mal por pensar demasiado, por necesitar más tiempo para reflexionar, por (ver las cosas) en profundidad y vivir una vida más tranquila y de ritmo más lento", lamenta.
"No me sorprende que algunos introvertidos teman ser juzgados negativamente o se pongan nerviosos, lo que podría llevar a la timidez", agrega.
O a pensar que los introvertidos deben cambiar o "superar" su personalidad. Pero, ¿es así?
No. Ser introvertido no significa necesariamente carecer de habilidades sociales.
De hecho, la falta de estas habilidades no depende necesariamente del tipo de personalidad.
Tanto los introvertidos como los extrovertidos pueden carecer de estas aptitudes, declara Granneman.
"Por ejemplo, todos conocemos a algún extrovertido que no se da cuenta cuando le mandamos señales de que queremos terminar una conversación", comenta la autora.
De hecho, la especialista cuenta que conoce a muchos introvertidos con fuertes capacidades sociales y que suelen pasar por extrovertidos.
La psicóloga Laurie Helgoe aclara que hay muchas habilidades sociales que vienen con la introversión: "la capacidad de escuchar a la gente, la comodidad con el silencio y con la soledad, que creo que pueden permitir más intimidad en una conversación".
Por lo tanto, Granneman afirma que "la introversión no es una enfermedad que necesita ser curada, ni algo averiado que reparar y que tampoco habría razón para hacerlo".

