Amar al invasor
Con la partida del Comandante Supremo creíamos que llegaba a su fin aquel deseo misérrimo de: “prefiero para mi país la bota de un general extranjero al frente de un ejército invasor que el gobierno de Hugo Chávez”. Pero no. Tan pronto ganó Nicolás, los emisarios de la derecha volaron al exterior a rogar la intervención foránea. Llevaron el maquillaje de la invasión: la Carta Democrática.
Con la partida del Comandante Supremo creíamos que llegaba a su fin aquel deseo misérrimo de: “prefiero para mi país la bota de un general extranjero al frente de un ejército invasor que el gobierno de Hugo Chávez”. Pero no. Tan pronto ganó Nicolás, los emisarios de la derecha volaron al exterior a rogar la intervención foránea. Llevaron el maquillaje de la invasión: la Carta Democrática. Si revisan la prensa golpista de 2002, concluirán que los apátridas son repetitivos y obsesos.

