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Adiós, muchachos
Si el título del tango Adiós muchachos se convirtiera en política pública, la eficiencia no sería una utopía y un reclamo. El problema es que cada ministro que nombran, busca a sus condiscípulos de la universidad, a los compañeros del equipo de fútbol o beisbol o a sus excamaradas, ya aburguesados, de cocteles molotov. Se les debería juramentar con Adiós muchachos de fondo, para que en la búsqueda de su personal se guíen más por la capacidad del candidato que por la nostalgia.


