Promesas, fe, tradición movilizan a devotos de Santo Cristo de la Grita

El crucificado del rostro sereno es para el tachirense prenda del poder y del amor de Dios
Promesas, fe, tradición y esperanza son los motivos que llevan a los feligreses del Santo Cristo de la Grita, a caminar más de 80 kilómetros cada 6 de agosto hasta el santuario de los Milagros.
Tanta es la devoción, que el pueblo tachirense rinde reverencia a esta fecha iniciando la ruta desde el 31 de julio, cuando creyentes de toda Venezuela deciden comenzar la marcha por las 6 rutas que tienen como destino el templo del Santo Cristo, ubicado en la localidad de La Grita, municipio Jáuregui del estado Táchira.
El mayor peregrinaje se realiza el 6-A, desde San Cristóbal-El Zumbador- Pregonero, Pueblo Hondo, Bailadores, Michelena-Boca de Monte, La Fría. Provistos de ropa y calzados deportivos, cantimploras de agua, refrigerios y fortaleza, los religiosos emprenden su camino, algunos descalzos, sólo con su fe a cuestas.
Se estima que cerca de 300 mil personas asistirán a la adoración del patrono de los tachirenses, tras sus 405 años.

“El Santo Cristo de la Grita es sin duda alguna, una manifestación autóctona del amor de Dios para los tachirenses. Su mirada serena y protectora ha guardado y acompañado el devenir histórico y social de nuestro pueblo. La religiosidad popular que rodea la devoción del Santo Cristo, hace de la fe del tachirense una fe enmarcada en el misterio mismo de la cruz del Señor. Tal como lo dice san Pablo: porque la cruz es locura para los incrédulos pero para los redimidos es poder de Dios. Así que el Santo Cristo de la Grita, el crucificado del rostro sereno es para el tachirense prenda del poder y del amor de Dios por nosotros”, expresó el sacerdote tachirense Chedy El Brihi.
Fray Francisco, la imagen y algo de historia
En 1610, a causa del terremoto que destruyó la ciudad de La Grita, los frailes franciscanos se trasladaron a un campo llamado Tadea. Iba entre ellos, un escultor que se distinguía más por su piedad que por sus vuelos artísticos. Le llamaban Fray Francisco.
Aterrorizado con el terremoto que en pocos instantes redujo a polvo la población naciente, ofreció al cielo, dice la tradición, hacer una imagen del crucificado, para rendirle culto especial y consagrarle la nueva ciudad.
Desde luego puso manos a la obra, trazó en un gran tronco de cedro la divina imagen, tomó el hacha y la azuela y empezó a trabajar. Pronto se exhibió una figura humana, pero que no tenía los lineamientos característicos del Cristo moribundo.
Pasaban días y días y Fray Francisco no podía interpretar aquella expresión sublime. Una tarde después de suspender los trabajos se puso en oración: un éxtasis profundo lo embargó y cuando volvió en sí, ya a altas horas de la noche, oyó que en la pieza de su trabajo golpeaban los cinceles y el escarpelo pasaba por las fibras de la madera.
Se acercó y algo como una figura humana envuelta en una ráfaga de luz, salió a través de la puerta, encandilándole los ojos. Les contó a sus hermanos y a los primeros albores del día, después de la oración matinal, se dirigieron todos al lugar donde estaba la imagen y la encontraron terminada.
Fray Francisco lloró entonces de placer. En aquella faz divina estaban los rasgos que él había concebido y que le fue posible expresar. Esa imagen es el Santo Cristo de La Grita, cuya hechura se atribuye en parte a un Ángel.
La promesa de un soldado
"Vine a presentarme al jefe, al comandante de los comandantes, Cristo Redentor, yo, cada día más cristiano, cada días más amante de Cristo y el Cristianismo, verdadero es la doctrina de la paz y el amor, no hay otra, y hoy la llamamos desde el punto de vista de la ciencia política y de la realidad social el socialismo, es el camino de Cristo (…)", expresó el comandante Chávez en su visita al santuario, el 20 de octubre de 2011.

Luego de meses de tratamiento, el líder socialista llegó a la ‘ciudad santuario’ para visitar la basílica del Cristo, en donde asistió a una eucaristía para agradecer que tras los estudios médicos realizados en Cuba, se había verificado que no existían células malignas en su cuerpo.
“Vine a pagar la promesa por esta recuperación rápida (…) pido en primer lugar por la vida del pueblo, por la vida de la patria”.
Fue entonces cuando el comandante Chávez decretó como Patrimonio Nacional al Santo Cristo de la Grita y además dio la orden para financiar el proyecto de la creación del nuevo santuario, en vista de la cantidad de feligreses y turistas que lo visitaban a diario.

Actualmente, el santuario se convierte en agosto en el centro de peregrinación de cientos de devotos de Venezuela y el mundo, que acuden, al igual que el comandante Chávez, a profesar su agradecimiento por las promesas cumplidas.



