Opinión

Preso por llamar por teléfono

Las noticias internacionales cuentan que un venezolano de 31 años de edad será condenado a cinco años de prisión y al pago de una enorme multa (250 mil dólares) por haber realizado unas llamadas telefónicas haciéndose pasar por un muerto.

El caso es apropiado para un ejercicio de análisis del enfoque noticioso, es decir, para mostrar cómo en el periodismo cambian las cosas según sea el cristal con que les miren los medios, en este caso los de la derecha, que ejercen la hegemonía en el plano internacional. También es interesante observar lo que dicen los usuarios de dichos medios. Vamos a hacerlo:

La noticia difundida por las agencias internacionales indica que Wilfrido Cárdenas Hoffman fue apresado en junio pasado, en el aeropuerto de Miami, cuando intentaba hacer transbordo hacia Ciudad de México. Desde entonces está preso en Estados Unidos. El FBI lo acusa de haber efectuado decenas de llamadas desde su casa en El Hatillo a vecinos Newtown, estado de Connecticut, una localidad afectada por uno de esos horribles asesinatos masivos, tan frecuentes en Estados Unidos, cometidos por un estudiante enloquecido.

 
El caso ocurrió en 2012, en una escuela denominada Sandy Hook. Un joven llamado Adam Lanza mató a veinte niños y seis adultos y luego se suicidó. Cárdenas Hoffman, por vaya usted a saber qué retorcido sentido del humor, llamó a numerosos vecinos de la referida localidad, apenas dos días después de la tragedia, y les dijo frases como: "soy Adam Lanza y voy a matarte… date por muerto".  ¿Macabro pasatiempo el de este compatriota, no?

Bueno, pero vamos al análisis de lo periodístico: la nota de las agencias, reproducida por varios medios venezolanos, es muy objetiva, se limita a decir lo que pasó, no cuestiona el derecho que tiene el FBI a "ponerle los ganchos" a un venezolano, no opina sobre el hecho de que seguramente intervinieron sus comunicaciones telefónicas e investigaron su vida y milagro. Mucho menos pone en tela de juicio el derecho que tiene la sociedad estadounidense de castigar a quien se burla de una comunidad afectada por un episodio tan dramático.

Una pequeña muestra de los comentarios suscritos por lectores de la noticia en éste y otros medios permiten concluir que están de acuerdo con la sanción. "Ojalá le metan quince años, por estúpido" y "Eso es para que sigas jugando con el imperio", fue el tipo de reacción común a la información.

Ahora hagamos un ejercicio especulativo, mezclado con algo de recientes experiencias y veamos cómo hubiese cambiado el enfoque de la noticia y los comentarios de los usuarios si el señor Cárdenas Hoffman, en lugar de dirigir sus bromas de pésimo gusto contra la desdichada gente de Connecticut,  lo hubiese hecho –por decir un ejemplo hipotético- contra los familiares y amigos de Eliécer Otaiza o  Robert Serra (tal como lo hicieron otros "graciosos", hasta la saciedad, en las redes sociales). En tal caso, la investigación la habría hecho el Sebin o el Cicpc y la imputación, la fiscal Ortega Díaz.

En primer lugar, el imputado no sería mencionado como "un hombre", sino como "un joven" o "un estudiante" o, mejor aún, combinado: "un joven estudiante". Es un pequeño detalle que cambia muchos la percepción pública del sujeto.

En segundo término, en la noticia se haría ver que las pruebas en contra del joven estudiante son producto del espionaje telefónico del rrrrégimen, que actúa impunemente como Gran Hermano. ¡Qué abuso!

Lo tercero es que se apelaría al argumento de la libertad de expresión. Después de todo, el joven estudiante vilmente espiado por los aparatos represivos del Estado no hizo más que hablar, es decir, ejercer un derecho constitucional. Probablemente, el título de la noticia sería: Irá preso cinco años por hablar por teléfono. ¿Se va notando el cambio?

La cuarta variación en el enfoque de la noticia estaría referida al retardo procesal. Se denunciaría como un atropello más de la tiranía madurista el hecho de que el joven estudiante vilmente espiado por el Estado y metido en chirona por hablar por teléfono haya pasado ya medio año preso esperando por un juicio y, peor aún, que tendrá que aguardar hasta el 12 de febrero para que le dicten sentencia, a pesar de haberse declarado culpable. El caso –qué duda cabe- ya estaría en la boca del señor de Human Right Watch y en la Comisión Interplanetaria de los Derechos Humanos. Y ya a alguien se le hubiese ocurrido la original idea de imprimir unos afiches con el lema: Wilfrido somos todos.

En cuanto a las reacciones del público, se puede apostar a que serían de rechazo al proceso judicial. Me adelanto con uno de los mensajes típicos de los comentaristas interactivos de esta página: "es que con este chavismomadurismo no se puede ya ni hablar por teléfono".

clodoher@yahoo.com

 

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