
Desde la emblemática Plaza Bolívar de Caracas, el vicepresidente de Asuntos Religiosos del PSUV, Nicolás Maduro Guerra, elevó una sentida plegaria por el bienestar de la nación. Durante su intervención, solicitó la bendición divina para que Venezuela cumpla su destino como tierra de gracia y paz, exhortando a la unidad espiritual del pueblo en momentos de alta complejidad política.
El encuentro, organizado por movimientos cristianos en respaldo al presidente Nicolás Maduro y a la primera combatiente, Cilia Flores, se produce a una semana de su detención por parte de fuerzas estadounidenses. En el acto, Maduro Guerra calificó la incursión como una «acción vil» y pidió a Dios fortalecer el espíritu de fe y resistencia de los venezolanos para consolidar una nación potencia, fundamentada en la honra y los valores.
En un testimonio personal, el dirigente resaltó su formación en un hogar cristiano regido por la honestidad, el trabajo y el amor al prójimo. Como «hijo de esta tierra», manifestó su gratitud por los valores recibidos y reafirmó su compromiso inquebrantable con la soberanía nacional, subrayando que su única guía en esta etapa es la defensa de la patria y la verdad.
Finalmente, Maduro Guerra cuestionó la crueldad de los acontecimientos actuales, afirmando que el único «pecado» del mandatario ha sido su entrega absoluta al servicio del pueblo venezolano. Concluyó su mensaje con la convicción de que la misión encomendada por Dios a Nicolás Maduro tiene un propósito trascendental en el país, instando a la comunidad internacional a observar con justicia y claridad el corazón del líder bolivariano.


