La Cruz de Mayo: un acto de resistencia cultural

La Cruz de Mayo es una de las celebraciones más importantes del calendario festivo venezolano. Se celebra en cada región como una tradición arraigada en las comunidades que se unen para vestir y cantar la Cruz, hacer velorios, cantar décimas, repicar los tambores, organizar conversatorios y hasta compartir sancochos y dulces criollos.
Es una festividad de raíz sincrética que celebra el hallazgo, según la tradición cristiana, de la Santa Cruz por Santa Elena, madre del emperador Constantino, en el siglo IV. Sin embargo, en América, y específicamente en Venezuela, esta celebración se fusionó profundamente con las cosmovisiones indígenas y afrodescendientes.
La cruz de madera, símbolo de naturaleza, se convirtió en puente entre el catolicismo impuesto y la resistencia espiritual de nuestros pueblos originarios y africanos, que veían en la madera, las flores y el agua, elementos sagrados de su propia relación con la tierra.
La Cruz de Mayo llega a Venezuela con la colonización española, pero es aquí donde adquiere su verdadera alma.
para proteger sembradíos de papa, maíz y hortalizas. El canto es sobrio, con guitarra o a capela, con décimas que piden salud, tierra fértil, paz. Al final se comparten platos como la pizca andina, queso ahumado y dulce de cabello de ángel.
Occidente (Falcón, Lara, Zulia)
En Occidente, la Cruz de Mayo se celebra con punto criollo y galerón falconiano, acompañados de cuatro, tambora y maracas. Las cruces se visten con palmas tejidas, flores de papel y cintas de colores, en altares comunitarios en patios o plazas de pueblos como Siquisique, Carora y Coro. Los velorios son cantados y alegres, con contrapunteos de décimas llenos de ingenio. En Zulia rural y pesquero se acompaña con tambor gaitero y se pide por el buen tiempo para la pesca. La fiesta incluye café, dulces criollos y la “levantada de la cruz” con repique de campanas.
La Guaira y Valles del Tuy
En La Guaira y los Valles del Tuy, la Cruz de Mayo se celebra con una fusión de tambor costero y rezo católico, heredada de la tradición afro-litoral. La cruz se viste con palmas, flores de papel crepé y cintas rojas y blancas, y se coloca en altares adornados con frutas, velas y conchas marinas como símbolo de la cercanía del mar. Durante el velorio, se alternan salves y cantos afrovenezolanos con el rosario y las décimas a lo divino, acompañados del repique de tambor mina y culo e’ puya. En El Junko, Naiguatá y Carayaca, las comunidades pescadoras llevan la cruz en procesión hasta la orilla del mar para bendecir las aguas y pedir por la seguridad de pescadores. La celebración termina al amanecer con un canto de despedida y un compartir de pescado frito, arepas y café.
Todas estas formas tienen algo en común: la cruz es viva, es madre, es protectora, y nos reúne en comunidad desde los Andes hasta Paria, desde el Táchira hasta Caracas, desde cada rincón del país.

