Opinión

Diálogo de altura

Cinthya Machado Zuloaga está dispuesta a no hablar más nunca de la gente de la oposición

Cinthya Machado Zuloaga está dispuesta a no hablar más nunca de la gente de la oposición. Dice que descubrió tarde que la torpeza vivía en esas cabezas a sus anchas: “A todo lujo estaba la incapacidad sentada en esos cerebros que, para mal del país, no se fugaron nunca”. Dice que está a punto de pedirle a su padre que no los reciba más en su casa. Que no los financie más nunca. Que ni siquiera los salude. A pesar de todo lo que siente por esa gente, Cinthya se ve cada día más bella y sensual.

Y, desde su cartera Prada, saca una laptop porque quiere que vea un video, “y que no me vayan a decir los estúpidos que es un montaje, porque entonces no les creeré más nada”. Antes de hacer clic sobre el video nota que el mesonero no ha llegado y entonces lo llama. El hombre se acerca con la botellita de agua Evian y el café negro y dice: “Señorita, estaba esperando que me llamara, para darme el lujo de decir que a mí me llama la mujer más linda de la pelotica del mundo”. Coloca el agua y el café sobre la mesa, y se marcha sonriendo.

Ahora sí, Cinthya hace clic y comenzamos a escuchar un diálogo de dos políticos presos. Allí están dando rienda suelta a su imaginación. Al terror. A la violencia. A que después decimos que no fuimos nosotros, “porque para eso somos los que somos”. Después que terminan de insultar al ser humano, Cinthya dice: “Es un diálogo de altura. Un dialogo como los de Platón. Después hay quienes salen a pedir su libertad. En ningún país del mundo gente que actúa así y lo dice, tendría el trato que les están dando ahora. No se han dado cuenta de que han ido quedando solos. De que hicieron unas guarimbas y tienen unos cuantos muertos encima, 43 para ser exactos. Recuerdo que una señora del Comité de Víctimas de las Guarimbas le dijo a las esposas de estos hombres, “ustedes los pueden visitar y hablar con ellos, pero yo no puedo hacer lo mismo, porque a mi esposo lo mataron en una de esas guarimbas”.

Se detiene. Apaga la laptop. Mira hacia el cielo. Baja la vista. Se coloca la mano derecha sobre la frente y dice: “Eran los más torpes y no lo sabíamos”. Y Cinthya, está a punto de llorar, y dice: “No es mi llanto, es el humo del cigarrillo que me hace llorar”. A pesar de que no fuma.

@robertomalaver

/N.A

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