Apuestas temerarias
Pretender convertir en plebiscito presidencial las elecciones municipales de diciembre fue una apuesta temeraria, un error que la Mesa de la Unidad y el liderazgo de Henrique Capriles pagaron caro.
Pretender convertir en plebiscito presidencial las elecciones municipales de diciembre fue una apuesta temeraria, un error que la Mesa de la Unidad y el liderazgo de Henrique Capriles pagaron caro. Pretender derrocar a un gobierno que apenas se aproxima a su primer año es una apuesta todavía más temeraria.
Si la ganan, no es descabellado pensar que será sobre un montón de ruinas y de cadáveres, por lo que ya habría que empezar a preguntarse si se trata, en verdad, de un triunfo. Si la pierden, las posibilidades de la oposición de llegar al poder nacional, que alcanzaron su mejor momento en abril de 2013 volverán a caer a los niveles que tenían cuando el comandante Hugo Chávez bautizó a este sector político como "los escuálidos". Como en el mito de Sísifo, tendrán que comenzar nuevamente a empujar la piedra cuesta arriba, desde la falda de la montaña.
Las mentes más serenas de la oposición lo saben, pero pocos se atreven a decirlo públicamente. Algunos no salen al ruedo a fijar posición sencillamente porque están haciendo cálculos en el campo de la política pragmática. No desean quedar como la guayabera si la jugada llega a salirles "bien" (es un decir) a los extremistas. Quieren estar en condiciones al menos de "firmar la lista de asistencia" en la autojuramentación del nuevo Carmona, y así no ser barridos por alguno de los "considerandos" del megadecreto número 1 de la transición.
Unos cuantos de los dirigentes opositores que se reservan su apuesta están mirando el contexto internacional. No quieren criticar a los payasos y a los maromeros para no caer en desgracia con los dueños del circo, es decir con los poderes hegemónicos que se expresan en la política ya desembozadamente injerencista de Estados Unidos. Ni locos que fueran.
También los hay que no opinan contra la locura desatada porque temen que esta se vuelva en su contra, que los acusen de chavistas o de colaboracionistas con el régimen y que una turba enloquecida quiera quemarlos en una hoguera de cauchos y basura del este; o que algún editor ordene a sus mercenarios fusilarlos por traidores en su paredón periodístico privado.
Otros más, los taimados y astutos veteranos de la IV República, simplemente están dejando que los niños mimados de Washington se cocinen en su salsa con la candela de sus propias guarimbas, para luego tomar el control de lo que quede de la MUD. ¿Qué van a lograr con eso? Bueno, para este sector puede ser suficiente porque se han resignado a manejarse con pequeñas cuotas de poder regional y local y porque -tal vez por su adultez mayor- tienen paciencia suficiente como para esperar hasta el 2016 o el 2019.
Así de caliente está la ruleta. ¿Quién más apuesta?
clodoher@yahoo.com
/N.A

