400 teatros para la vida
¿Qué tal sería que en el liceo más cercano a nuestra casa se presentaran cada sábado y domingo grupos de danza o de teatro, conjuntos orquestales o ensambles de música urbana de calidad?
¿Qué tal sería que en el liceo más cercano a nuestra casa se presentaran cada sábado y domingo grupos de danza o de teatro, conjuntos orquestales o ensambles de música urbana de calidad?
El ministro de Educación, Héctor Rodríguez, anunció la semana pasada que 400 auditorios existentes en planteles oficiales del país se van a habilitar para que en las noches y los fines de semana permitan ofrecer valiosos espectáculos a la comunidad, en una acción concertada con el Ministerio de Cultura.
Es una excelente idea, que permite aprovechar estos espacios para, además de su uso en la educación formal, ponerlos al servicio de la más amplia acción cultural. Porque las más diversas expresiones de la creatividad humana: musical, literaria, plástica, científica, filosófica… tienen que llegarnos a todas y todos, ninguna es “elitesca”, sino que todas deben ser “populares”. Al fin y al cabo, del pueblo salieron.
Este dinamismo cultural le añade nuevas dimensiones a la vida en las comunidades y, si se planifica bien, les puede abrir nuevas perspectivas a los habitantes, especialmente a los más jóvenes. Después de escuchar a una vibrante banda de jazz, por ejemplo, las y los asistentes pueden recibir la invitación de iniciarse en grupos similares. O luego de presenciar sorprendentes videos y demostraciones científicas, pueden ser convocados para unirse a un club de ciencias. Muchas otras opciones pueden darse en estos 400 teatros: cine-foros, recitales de poesía, presentaciones folclóricas, debates sobre temas de actualidad, espectáculos circenses…
Los auditorios permitirían también la presentación de las actividades culturales de la propia comunidad, no solo de grupos profesionales. Y una ganancia adicional de esta política sería la recuperación de muchos de estos espacios que, lamentablemente, hoy se encuentran en mal estado o incluso abandonados, convertidos en depósitos de pupitres viejos y hasta en refugio de gatos realengos.
De ese modo, podrían utilizarse de nuevo durante la semana en actividades académicas del propio plantel educativo, y también para las conferencias y las plenarias de talleres y cursos dirigidos a las y los educadores. Eso sí, se requiere la vigilancia que evite problemas durante las novedosas actividades extraescolares.
/N.A

