La transición venezolana fortalece el modelo chavista según el nuevo artículo de Juan Carlos Monedero para la RedH
Juan Carlos Monedero analiza el asedio contra Venezuela y el secuestro de sus líderes este 20 de febrero. La actual transición debe entenderse como una maniobra táctica para preservar la soberanía y profundizar el modelo bolivariano

Históricamente, la Revolución Bolivariana ha sido más eficaz enfrentando al neoliberalismo que resolviendo las fallas estructurales del país. Esta tarea, que requiere al menos una generación, se ha visto obstaculizada por la constante injerencia de Estados Unidos. A diferencia de la transición española, donde el franquismo aún impregna las instituciones, el proceso venezolano nació de las urnas. Por ello, la etapa actual no debe interpretarse como un desmantelamiento de los logros sociales —salud, vivienda y educación—, sino como una oportunidad para consolidarlos frente a una oposición que ha optado por la desestabilización.
El secuestro de la soberanía y el nuevo orden mundial
Resulta intelectualmente deshonesto comparar la situación actual con la muerte de Franco. Venezuela enfrenta un asedio militar y económico sin precedentes. El hecho central es el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores por parte de una potencia extranjera, un acto que constituye una declaración de guerra de facto. Este escenario se enmarca en la ruptura del «mundo basado en reglas», una realidad reconocida incluso por figuras como el canciller alemán Friedrich Merz. Hoy, Maduro permanece en Nueva York como un prisionero de guerra, un evento que la narrativa de la «transición» intenta normalizar para borrar el legado bolivariano.
La falacia de la analogía española
La Transición española no ocurrió bajo un cerco naval ni con el robo sistemático de sus riquezas nacionales. Mientras que en España la amnistía fue una conquista de los demócratas contra una dictadura fascista, en Venezuela representa un acto de generosidad del chavismo frente a sectores que han ejercido la violencia para derrocar gobiernos constitucionales. Personajes como María Corina Machado, vinculada a intentos de golpe desde 2002, personifican una oposición que busca en la fuerza extranjera lo que no obtiene en los votos.
La izquierda se encuentra hoy ante el dilema de la «Estación Finlandia»: elegir entre la pureza ideológica o la intervención real en la historia. Al igual que Lenin en 1917, el gobierno venezolano debe navegar contradicciones impuestas por un contexto de guerra y bloqueo. Aceptar negociaciones bajo presión no es una adhesión al imperialismo, sino una decisión táctica para preservar el proceso político y mejorar las condiciones de vida del pueblo. En una región amenazada por aranceles y sanciones, estos acuerdos buscan ganar tiempo y recuperar la economía nacional.
Soberanía y conciencia popular
La supervivencia de la soberanía latinoamericana depende hoy de la unidad regional y del fortalecimiento de la conciencia popular. Aunque líderes de la región se vean forzados a tomar «trenes a Finlandia» para evitar el colapso material de sus pueblos, el horizonte debe seguir siendo la profundización democrática. El cambio real en Venezuela no vendrá del tutelaje de Washington, sino de la eficacia gubernamental y de una paz social fundamentada en la justicia colectiva.

