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Fallece el maestro Dionisio Bolívar, figura cimera del patrimonio musical mirandino

A los 89 años de edad, falleció el ilustre intérprete del arpa, nativo de Ocumare del Tuy, estado Miranda, dejando tras de sí una trayectoria fundamental para la música regional

El Ministerio del Poder Popular para la Cultura informó sobre el fallecimiento de Dionisio Bolívar, baluarte indiscutible del arpa y el joropo mirandino, ocurrido este miércoles 21 de enero a los 89 años. A las expresiones de duelo se unieron el ministro Ernesto Villegas y el presidente de la Compañía Nacional de Música, Alí Alejandro Primera, quienes lamentaron la pérdida de este referente de la identidad nacional.

Nacido el 9 de abril de 1937 en Ocumare del Tuy, estado Miranda, Bolívar fue conocido cariñosamente como “El muchachote de Ocumare”. Su carrera destacó no solo por su virtuosismo como compositor y acompañante del legendario Pancho Prim, sino también por su destreza como luthier de arpas. A partir de la década de los 60, se estableció en la parroquia El Valle, en Caracas, desde donde proyectó su talento hacia el resto del país.

Su trayectoria discográfica incluye hitos como la fundación del grupo Los Ángeles Negros junto a Silvino Armas, con quienes grabó unas 15 producciones. Asimismo, en 1975 alcanzó gran notoriedad al grabar el tema «Amanecer tuyero» en colaboración con el célebre Julio Jaramillo, consolidando su posición en la escena musical de la época.

De formación autodidacta, Bolívar inició su vínculo con la música a los 7 años, aunque fue a los 18 cuando comenzó a ejecutar profesionalmente el arpa. En diversas entrevistas, el maestro aseguraba que su evolución artística nacía de un amor genuino por el instrumento, sentimiento que buscaba inculcar en los niños y jóvenes que se acercaban a la tradición.

Además de su prolífica obra como compositor, con temas icónicos como «El campesino», «Miranda querida» y «La iguana», el maestro dedicó sus últimos años a la enseñanza. Bolívar sostenía que la música era una pasión inagotable que le permitía mantenerse vital, reafirmando hasta el final de sus días que el arte y la vida eran, para él, una sola unidad indisoluble.

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