Opinión

El milagro de reciclar las críticas

La máquina de reciclar críticas es uno de los artefactos más útiles en la política. Funciona así: a usted le hacen una crítica muy concreta y específica, inequívocamente dirigida a usted. Entonces entra en juego la milagrosa máquina, que se traga la crítica, la procesa, la tritura, la refina, qué se yo qué le hace, y la expulsa por el otro lado, anulada, pasteurizada, esterilizada o convertida en crítica para otras personas, en particular para sus adversarios. No me van a negar que se trata de un gran invento.

En la política local lo vemos a cada rato. Lo hacen los altos cuadros del gobierno y del PSUV y también los jefazos, jefes y jefecitos de las dos alas de la oposición (la pirómana y la moderada-taimada). Pero, hoy no hablemos de ellos sino de esos otros políticos que llevan sotana y demás ropajes medievales: los curas y, más concretamente, los jerarcas de la Iglesia católica. Estos personajes no suelen multiplicar los panes ni los peces, pero sí acostumbran a realizar el prodigio de transformar las críticas dirigidas a ellos, en críticas contra otros. 

Resulta que el Papa Francisco zarandeó a la alta dirigencia eclesiástica con unas palabras que, como buen vicario de Cristo, hicieron recordar la escena bíblica cuando Jesús echó a los mercaderes del templo. ¿Y a qué no adivinan qué hicieron, al menos por estos lares, los aludidos? Pues pasaron los latigazos papales por la máquina de reciclar y convirtieron las críticas pontificias en cuestionamientos al régimen, a los cristianos no católicos y a los santeros. ¡Qué gente ladina!

Por ejemplo, el Papa dijo que "sería bonito pensar que la Curia romana es un pequeño modelo de Iglesia, pero una Curia que no hace autocrítica y no se actualiza y no intenta mejorar es un cuerpo enfermo". La cúpula católica venezolana (equivalente nacional a la Curia Romana, que es el alto gobierno eclesiástico mundial) no se dio por aludida. Se está haciendo la desentendida, pero ¡eso fue con ustedes, monseñores!

La máquina de reciclar críticas funcionó a la perfección con otra de las reflexiones papales. Francisco invitó a los cardenales a visitar los cementerios y ver en las lápidas los nombres de personas "que se creían inmortales, inmunes e indispensables". Los políticos ensotanados locales le dieron la siguiente interpretación: esa frase es un buen dardo contra el comandante Chávez, a quien muchos de ellos se empeñan en seguir atacando aun después de haber fallecido.

El Papa también criticó a los curas de alto rango que se han endurecido mental y espiritualmente, lo que les "impide llorar con los que lloran y alegrarse con los que se alegran". ¿Habrá una mejor manera de dibujar a varios de los más mediáticos líderes de la Iglesia católica venezolana, en especial esos a quienes hemos oído, por solo citar un ejemplo, pisotear la dignidad de las madres adolescentes y estigmatizar los programas sociales destinados a brindarles protección?

El Che del Vaticano no se guardó nada para la Semana Santa. Fustigó a quienes padecen "alzheimer espiritual, pues han perdido la memoria de su encuentro con el Señor y dependen sólo de sus propias pasiones, caprichos y manías, y construyen a su alrededor muros y costumbres". Los criticados le dieron un maquinazo a lo dicho por su máximo orientador y dijeron que esos cuestionamientos no eran dirigidos a ellos, sino que se refieren a que últimamente hay por ahí mucha gente con mañas raras como vestirse de blanco, ponerse collares y matar terecayas. 

Y sigue: Francisco habló de "la rivalidad y la vanagloria, que surge cuando la apariencia y el color de los vestidos y las insignias de honor se convierten en el objetivo primario de la vida"; se refirió a "la enfermedad de la esquizofrenia existencial, de los que viven una doble vida fruto de la hipocresía"; censuró el mal de las habladurías y los cotilleos; tocó el punto de la enfermedad de acumular bienes materiales, y la de pertenecer a círculos cerrados y la de la "mundanidad y el exhibicionismo". Los monseñores emplearon una vez más la recicladora y concluyeron que cuando el Papa dijo eso estaba pensando en falsos profetas, de esos que salen en televisión haciendo  milagros en portuñol, o directamente en pecadores contumaces como Diosdado… ¿Cuándo no es pascua en diciembre?

En fin, el cardenal Bergoglio prácticamente no dejó títere con cabeza en su gran retrato de la Curia, que muy bien puede aplicarse a las elites locales de la Iglesia, esas que, en más palabras papales, "han abandonado el servicio pastoral sólo para dedicarse a los asuntos burocráticos"… ¡Uf, menos mal que existe la máquina de reciclar críticas… Alabado sea Dios!

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