El Che venezolano no es el único disfraz de izquierda

La izquierda siempre se cuadra a conveniencia. Ya sea apostándole a ganador a los gringos por allá en Medio Oriente o en los conflictos de mediana intensidad por acá mismo, nunca ha visto perder un parley. No porque sean virtuosos analistas del momento, sino que trabajando para quien trabajan es muy difícil perder las apuestas, el reconocimiento y la publicación de libros.
Capaz si el "Che Guevara" venezolano (Humberto López) no tuviera los gravísimos desórdenes de personalidad que tiene, estaría coqueteando con Santiago Alba Rico, Ignacio Ramonet y otros intelectuales de izquierda alentando la invasión a Siria. Bah, todos sabemos que no pasaría de ser otro desenfrenado y mediocre escritor de Aporrea, pero aún así vaya el piropo de estar imaginariamente de la mano con grandes letrados en la justificación abierta y caretabla del genocidio.
Pero los problemas mentales del "Che Guevara" son tan sólo un accesorio, al menos el carajo decidió ser un disfraz y se disfraza, literalmente. Los hay por miles idénticos a él pero sin disfraces. Pepe Mujica, por ejemplo, el primer presidente consumidor de marihuana que decidió ir en cholas a eventos internacionales, se metió a todo el mundo en el bolsillo. Bueno, no "al mundo", sino al mundillo de intelectuales, partiditos y organizaciones de izquierda que lo escuchaban excitados balbucear sobre "el orden capitalista" y "el consumismo", mientras se hacían los pendejos o ni se enteraban por desinformados que el mismo Pepe con cara de osito cariñoso firmaba un tratado de no agresión a los intereses económicos de Estados Unidos en Uruguay. O aceptaba entrar en la negociación del TISA, uno de los tres tratados de libre comercio más bestiales de la historia promovido por Estados Unidos y más de 50 países con proyectos y proyecciones neoliberales.
Ahora con el cuento de la liberación del consumo de marihuana en Uruguay y la legalización del matrimonio gay en Chile, nos quieren venir a chantajear por la izquierda. Resulta que somos homófobos, atrasados, cavernícolas, antimarihuaneros y derechistas por no cumplir las órdenes que emanan desde afuera. En ningún momento analizan que George Soros es uno de los grandes beneficiarios del negocio de la marihuana en Uruguay o que Bachelet legalizó el matrimonio homosexual para decir que hizo algo de "izquierda" (estilo Holanda o España) mientras su gobierno fue una simple extensión del de Piñera y de los grandes negocios gringos de ese país.
Las declaraciones de una democracia tan libre, respetable y que debe servirnos de inspiración como Chile contra la sentencia de Leopoldo, confirman su importante utilidad para las maniobras regionales de Estados Unidos.
No son los únicos, obvio. Desde Twitter, Pablo Iglesias recuerda a Allende, lava la cara a los presos políticos del rrrrégimen, late el corazón más fuerte que nunca con la tónica mediática de los refugiados y aplaude la subida partidista de Corbyn. Puro disfraz sujetado con cola de caballo.
Lo cierto es que al minuto en que tome la presidencia de España, los refugiados de Medio Oriente y África entonces comenzarán a oler mal. No es que ahorita no le produzca asquito, sino que andar diciendo lo que en verdad piensa por ahí en los medios lo equipararía con un David Cameron o con un Rajoy cualquiera, y eso es inaceptable para un izquierdista obsesivo. ¿O en serio usted cree que la prioridad laboral en el paraíso del desempleo la tendrán "seres inferiores" y no la clase media española que votó por él? ¿En serio usted cree que expropiará Telefónica o Repsol? ¿En serio usted cree que los inmigrantes africanos y del Medio Oriente encontraría en un supuesto futuro país de Pablo Iglesias un trabajo digno? Haría lo mismo que está haciendo Merkel, sólo que con el pelo más largo y con 30 kilos menos.
Él podrá repetir hasta la saciedad los parapetos discursivos de la "izquierda moderna", pero al igual que el mismo Rey de España y las oligarquías occidentales, piensa que Nicolás Maduro es un semi-dictador bananero que encarcela a los opositores por "manifestar" sus ideas, y no porque hayan asesinado motorizados, policías y trabajadores del aseo urbano, padres y madres de familia, durante las guarimbas. Él piensa que por ser un país inferior la gente no tiene derecho a vivir, y si esa gente murió por las ideas de un opositor, la lógica supremacista izquierdista de Pablo Iglesias siempre premiará al estudiado en Harvard y no al que se faja(ba) limpiando las calles.
La izquierda en el fondo es puro accesorio cosmético, pulseritas con la bandera gay en las extremidades del gran capital, representantes de la eterna estafa discursiva anclada en el recuerdo de algún comunista serio caído en combate. No existe tal diferencia entre izquierda y derecha, más allá de matices e instrumentos despeinados para la imposición de la agenda económica neoliberal.
Los usuarios de La Patilla se deben sentir asqueados al ver a un tipo malhablado e ignorante como "El Che" venezolano copando su especializado centimetraje audiovisual y web. Pero el aliento del tipo, la barba y el tabaco de fresa comprado en una panadería del 23, comienzan a oler de pinga cuando asume carnavalescamente que la única vía para salvar a Venezuela es la dolarización ante el mentado fracaso económico del Gobierno Bolivariano. Los medios privados creen saber que la única forma de difamar la revolución no es a partir de sesudos análisis de economistas estudiados en el extranjero, sino a partir de "gente de izquierda" que en algún momento "fue afecta al gobierno" y que ahora está "descontenta", disfrazada total o parcialmente, que diga lo que es necesario decir: "Nicolás Maduro lo está haciendo mal y debería salir por el bien de todos".
Con tal de que no hablen de guerra económica o de desestabilización, todo está bien. Al fin de cuentas lo elemental es echarle la culpa de todo a Maduro, tal cual hace el escualidismo recalcitrante.
Nicmer, Giordani, Marea Socialista, Navarro y Osorio también se empastelan en la misma jugada. El Gobierno Bolivariano cerró la frontera con Colombia y la justicia le dictó 13 años de prisión a Leopoldo, y ellos se dedican a mirarse el ombligo afirmando que el "gobierno de Maduro" es antidemocrático y está pactando con la derecha por el simple hecho de que el CNE no le permitió inscribir su tarjetica electoral. Ante la muerte política de la "izquierda retrógrada" representada por Petkoff, Norteamérico Martín y Dietrich, es Nicmer el que ha recibido la llamada telefónica celestial de Ravell para sacarle la pata del barro ante limitados recursos de ataque con los que va quedando. Un izquierdista en toda la línea. Un directivo de Cordiplan en plena formación.
Los principios por los cuales se maneja este sector provienen claramente de la clase media universitaria y jipster de Europa. En estos momentos, tanto los Nicmer como los Che López de turno se camuflean con ese ropaje y esas "ideas" del progre hormonal, que evidencia la falta de neurona propia para analizar la realidad. Sus argumentos no rebasan el terreno de la moralidad. Cuando no hay un deber ser de esta y cualquier revolución, demandar con base al ombligo propio sin mirar ni participar en la realidad en su dinámico conjunto raya en la extorsión moral, y eso aquí lo superamos hace aproximadamente unos 16 años.
La estrategia es un concepto vago que no está en sus anotaciones a pesar de haberse escuchado todos los dicursos de Fidel. La realidad circundante de esta izquierda posmo es un cubo de hielo detenido en el tiempo, es un objeto a estudiar para trazar un diagnóstico revolucionario en algunos casos. Pero la realidad de carne y hueso, la de la guerra incesante contra un pueblo, teminará (si ya no lo ha hecho) por mandar al carajo sus pretendidos dotes meritocráticos políticos, debido al queme de pestañas por haberse leído todos los tomos de El Capital. Ese plus discursivo y práctico para sustituir a los politiqueros de turno y realmente encauzar la revolución social de una manera u otra hacia su beneficio y reconocimiento individual, ya que todo empieza en lo que ELLOS piensan y termina en lo que ELLOS hacen, es una mera fantasía retórica vuelta discurso crítico y titular en Aporrea.
Esta izquierda se caga encima cuando la guerra llama a la puerta de la casa, y no encuentra mayor cobijo ante la tormenta que abrazar a su semejante de derecha que iza la bandera neoliberal. No cabe duda de que el capitalismo es ambidiestro, y que los disfraces ya no sirven en el contexto de esta sampablera global.
/N.A





