Opinión

Posmarxistas

El Padre Vives era un sacerdote de mirada inquieta y gesto alerta

El Padre Vives era un sacerdote de mirada inquieta y gesto alerta. Mostró que podía ser muy valiente, contraviniendo la lógica que ha alentado a la mayoría de las ONG´s al escribirle una carta al Fondo Monetario rechazando el paquete de medidas neoliberales que desencadenó la mayor rebelión popular en nuestro país en 1989. Se arremangó la sotana y se mezcló con los barrios para socorrer a los más pobres. Su gesta auténtica, permanece intacta a través de Fundalatin. Esa organización sirve de reflejo inverso a las ONGs tradicionales que surgieron a partir de los años 70 para crear un colchón social que neutralizara auténticos grupos antisistema. Al principio se dedicaron a denunciar violaciones a los derechos humanos sin criticar las causas estructurales o económicas que las alentaban. Así lograron recibir fondos de ultramar para cooptar líderes comunitarios y desmantelar la protesta desde abajo con inyección de recursos limitados a través de proyectos que ponían a competir a las comunidades, fragmentando la solidaridad entre sus integrantes. Las ONGs servían de bisagra popular desde abajo para aceitar la política pública neoliberal que se gestaba arriba, arrebatando derechos laborales y sociales. Su punto de encuentro con el Banco Mundial fue una crítica a la “estatización”. Con sobrada razón Petras los identifica como posmarxistas. Parece natural que muchos de ellos hayan concebido como amenaza una política de Estado orientada a masificar la organización social genuina y hayan involucionado de ser organizaciones no gubernamentales a organizaciones antigubernamentales. Las expresiones de una de ellas en su último informe hacen comparsa a la directriz que les ha bajado la prensa internacional en contra de nuestro país. También la alimenta dándole un maquillaje técnico. En cierta forma, nuestro Poder Judicial así como otras organizaciones atacadas en este Informe, deberían sentirse honradas al ser fustigados por estos posmarxistas que se alejaron tanto de su camino.

Gabriela del Mar Ramírez

/N.A

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