Golpe a la carta

“Carajo, este gobierno como que me está persiguiendo y me quiere dar un golpe a la carta”
Aquella tarde de enero de 2008, Américo Echenagucia, el paciente del cuarto 303 de la Clínica Metropolitana, vio cómo la enfermera dejaba su suculento almuerzo sobre la mesita que habían dispuesto para eso. Lucrecia, la señora del paciente Echenagucia, vio cómo su marido veía asombrado los senos de la enfermera que parecían querer salir volando del lugar donde estaban. La enfermera dejó el almuerzo y se despidió de la pareja, y Américo le dijo: “Muchas gracias, señorita, la espero en la tarde con la cena”.
Después que la enfermera, moviendo con mucha sensualidad aquel cuerpo sensacional, abandonó la habitación, Lucrecia le dijo a Américo: “Ni siquiera has visto el muslo de pollo y el arroz con tajadas que te pusieron de almuerzo”. Y sin responder, porque Américo sabe que los celos de Lucrecia son peligrosísimos, decidió entrarle al apetitoso muslo de pollo. Y a medida que comía disfrutaba diciendo: “Qué pollo más bueno, lástima que me trajeron un solo muslo”. Y cuando terminó de comer, le comentó a Lucrecia: “Te juro, mi amor, que nunca había comido un muslo tan sabroso como este. A ese pollo lo cuidaron muy bien”.
Fue al otro día cuando se publicó la noticia. “Encuentran pollos de Mercal en la Clínica Metropolitana”. Lucrecia se iba a morir de la risa y Américo no lo podía creer. Así, muerto de la risa, y dado de alta, Américo abandonó la clínica.
Comenzando febrero de 2016, Américo invitó a Lucrecia a comer la mejor carne en el restaurant El Alazán. Allí se dieron tremendo banquete. Entre lomitos y puntas traseras, Américo y Lucrecia pasaron una tarde de lo más nutritiva. “Caramba, mi amor, me acuerdo del muslo de pollo de Mercal en la Clínica Metropolitana”, le dijo Américo.
Después, a finales de febrero de 2016, Lucrecia, por pura casualidad, puso el Canal 8 y se detuvo a escuchar a Gustavo González López, ministro de Interiores y Justicia, quien estaba declarando: “La carne de Mercal fue desviada por corruptos al restaurant El Alazán”. Apagó el televisor, y cuando Américo llegó a la casa, encontró a Lucrecia muerta de la risa mientras le daba la notica. Américo, asombrado, solo atinó a decir: “Carajo, este gobierno como que me está persiguiendo y me quiere dar un golpe a la carta”.
@RobertoMalaver
/N.A





