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​Viernes de Dolores: el sufrimiento es camino de salvación

Viernes de Dolores: el sufrimiento es camino de salvación. Así lo sentenció el presbítero Joel Javier Escalante, párroco de Dios Padre Misericordioso en Monterrey, San Cristóbal, al dar inicio a las actividades de la Semana Mayor. El sacerdote reflexionó sobre cómo la figura de María al pie de la cruz enseña que el dolor humano no es el punto final, sino un tránsito necesario hacia la misericordia de Dios.
​Escalante destacó que, aunque el mundo moderno intenta esconder o ignorar el sufrimiento, la Virgen muestra la ruta de la salvación acompañando la muerte de su hijo. “Todos los seres humanos tenemos la capacidad de vivir la tristeza desde la fe, sabiendo que el Señor nos da fortaleza”, afirmó, citando el ejemplo de una feligresa con cáncer terminal cuya entereza y comunión constante fueron una lección de vida para toda la comunidad parroquial de Monterrey.
​Cirineos de hoy
El párroco hizo un llamado a que esta Semana Santa no se quede en ritos externos, sino que sea una renovación espiritual profunda. Lamentó la distracción de la sociedad actual ante el dolor ajeno y pidió a los fieles asumir roles activos de compasión. “Debemos ser el Cirineo que ayuda a cargar la cruz del vecino y la Verónica que consuela al calumniado o al que sufre en soledad”, exhortó el presbítero.
​Subrayó que ser cristiano en la Venezuela actual implica salir al encuentro de Jesús no para mirar el madero desde lejos, sino para poner el hombro. En su parroquia, este mensaje se traduce en acciones concretas, atendiendo a más de 300 familias a través de Cáritas, pero el enfoque principal es el abrazo espiritual.
​Refugio contra la soledad
La parroquia Dios Padre Misericordioso se ha convertido en el «hospital de campaña» para los golpeados por la crisis y la migración. ​“Los jóvenes encuentran aquí cariño y escucha, lejos de los reproches. Los adultos hallan en la confesión un desahogo sin juicios”, explicó.
 Finalmente, reafirmó que el sacerdote debe ser un «Cristo vivo» que ofrece perdón y consuelo en lugar de ser un inquisidor, especialmente en tiempos de dificultades sociales, sanando las heridas de un pueblo que camina su propio Vía Crucis con la esperanza de la resurrección.

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