Venezuela: Recursos energéticos, BRICS y el secuestro de Nicolás Maduro

Por: José Ávila.
«La apertura petrolera más nunca volverá.»
-Comandante Hugo Chávez.
El vil ataque a la soberanía de Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro, ha desatado los demonios en la White House y se descubre el verdadero motivo: el petróleo y su incidencia en el futuro de las finanzas de los EE. UU. Están por vencer más de 9 trillones de dólares en letras del tesoro estadounidense, y no hay cómo pagar el capital y los intereses acumulados. Fuentes del Tesoro Norteamericano han propuesto usar la reserva de la faja petrolífera Hugo Chávez como una fuente ilimitada y estratégica, que permite sostener el pago de la deuda yankee, que vence este año 2026. Están desesperados por ponerle la mano al petróleo venezolano, y este elemento, lejos de ser una suposición, constituye la síntesis del plan confeso que ha revelado el representante de la Casa Blanca, constatando que la narrativa del narcotráfico, como amenaza a la seguridad estadounidense, es una falsa bandera para justificar acciones violentas sin precedentes en la región.
Ello, con el fin de echar a andar una agenda de expoliación sistemática (Doctrina Monroe/nuevo Plan Cóndor), para hacer frente a la profunda crisis interna que atraviesa la administración del norte. Las pruebas de pagos en monedas nacionales que se ensayan desde el BRICS, han comprobado que el comercio internacional puede prescindir del dólar como moneda de referencia, y eso acentúa la ambición voraz de Trump y sus principales agentes y asesores. Paralelo a ello, la globalización de la agenda basada en sanciones ilegales y unilaterales, han socavado el orden de relaciones que antes regía, basado en el respeto a las soberanías y a los acuerdos comerciales, en el marco del reconocimiento de las naciones y la gestión soberana de sus recursos. En consecuencia, EE. UU apuesta por el desmantelamiento del marco legal que arbitra en virtud de la paz y los más elementales principios del derecho internacional, en un intento más de sofocar la emergencia del mundo multipolar que se abre paso como alternativa integradora.
La piratería, el saqueo y la coerción son instrumentos y, a su vez, signos de la decadencia estructural de un modelo que insiste por vías supremacistas. La desproporcionada y criminal acción contra Venezuela forma parte del intento por reacomodar sus intereses y mantenerse como centro hegemónico del capital global, a expensas de recursos ajenos que la administración Trump, al día de hoy, se atribuye como propios.
La gendarmería actuante a través de la diplomacia hostil, el acoso y distintas maniobras ilegales, es síntoma del inminente colapso de las finanzas y la economía norteamericana, que pretende ser subsanado a corto plazo, sometiendo por la fuerza a naciones soberanas para conseguir de manera expedita recursos y ejercer el tutelaje directo en el continente, tal como sucedió en el siglo pasado.
Las llamadas tierras raras no están bajo su control, y en Venezuela, hay al menos 17 de los minerales necesarios para sostener la máquina de guerra y de tecnología yankee, que se encuentra sobrepasada por el desarrollo acelerado de otros hemisferios.
Todo este mar de fondo lo hizo cometer la ilegal detención de un Jefe de Estado, que goza de plena inmunidad, e incursionar en el territorio de un Estado soberano.
La rueda de prensa de Trump, que se trató, más bien, de la confesión de un delito, develó que el pregón sobre la democracia es una artimaña discursiva, y que el principal propósito es administrar el petróleo, recuperar la infraestructura petrolera (que ellos ayudaron a colapsar con las «sanciones»), y la entrada en vigor de un plan económico servil que defienda, fundamentalmente, los intereses de EE.UU. y sus principales compañías petroleras.
Como en el pasado reciente: extraer petróleo, cobrarse y darse vuelto, y al mismo tiempo, usar esa reserva como activo tangible para soportar la emisión de una nueva deuda. Ese es el fin de Trump; la soberbia, el chantaje y la amenaza traducen el ya inocultable desespero, puesto que el dólar sigue en caída libre, y al día 2 de enero del año 2026, el oro marcaba por encima de los 4 mil dólares por onza en los mercados.
La comunidad internacional debe acompañar el legítimo reclamo del pueblo venezolano, que exige la liberación de su Presidente, el respeto a la soberanía y el cese de las ilegales «sanciones económicas» contra Venezuela, así como dar la batalla por el resguardo del Derecho Internacional Humanitario como herramienta para trazar rutas idóneas de entendimiento. El mundo y sus instituciones deben condenar de manera enérgica este crimen contra Venezuela y solicitar de manera irrevocable, el cese definitivo de la agresión continuada contra su pueblo.
Un mundo sin letalidad, pues, queda a merced de los intereses de un pandemónium que justifica fines sin importar los medios, legitimando el vandalismo y la aplicación de la fuerza como únicas herramientas efectivas, frente al objetivo de recolonizar nuestra región y el resto del mundo. Es decir, una retrogradación histórica, que reedita formas proscritas que vulneran la soberanía y la estabilidad de las naciones.
El pueblo de Venezuela se mantiene firme en la calle, a escasos dos días de esta vil agresión, exigiendo la liberación del líder Nicolás Maduro, el castigo ejemplar a estas acciones, que no deben tener réplica en ninguna parte del mundo, el cumplimiento cabal de la Carta de las Naciones Unidas y la batalla global contra la infamia, el odio y el crimen.
Venezuela vencerá y sobre esta verdad no existe duda. Somos la patria de Bolívar que, tal como lo expresó el Comandante Nicolás Maduro, hará de la victoria, no una opción, sino un designio para seguir teniendo patria. ¡Unidad, lucha, batalla y victoria!
¡Viva la patria de Bolívar y el pueblo valiente de Venezuela!




