Opinión

A la «comunidad internacional» de EEUU y sus lacayos la gira euroafroasiática le dio en la madre (+Clodovaldo)

Para hacer valer ese enfoque de los países que no son de la CI y, por tanto, visitarlos no da legitimidad ni caché –sino todo lo contrario

Los que creen que la comunidad internacional (CI) está formada por Estados Unidos, Canadá, Europa occidental, Japón y uno que otro país que pase las pruebas que dicho grupo le ponga, no pueden asimilar lo de la gira euroafroasiática (hay que decir afro porque incluyó Argelia, por favor) del presidente Nicolás Maduro.

Para esas personas, Maduro fue a ninguna parte, se cayó por el borde del mundo plano o se extravió en el Triángulo de las Bermudas y apenas si apareció su holograma en Turquía (nación aceptada a regañadientes y solo para algunos efectos en la CI), y en Kuwait y Qatar, porque son unos árabes con mucha plata y, además, en el segundo va a realizarse el Mundial de Fútbol, bendecido por la FIFA (con quien la CI no osa meterse, ya que es, literalmente, una superpotencia).

Para hacer valer ese enfoque de los países que no son de la CI y, por tanto, visitarlos no da legitimidad ni caché –sino todo lo contrario-, los tanques pensantes de la misma CI se han inventado una nueva categoría: el autoritarismo global.

Así, pues, si usted es presidente de un país No-CI y quiere que lo consideren parte de la CI, tiene que hacer lo que la CI diga. Si no lo hace, su país seguirá siendo No-CI y usted estará oficialmente aislado. No le valdrá de nada visitar a otros países No-CI porque esos países no existen o solo existen como representación del lado oscuro, el eje del mal o, como se decía otrora, las naciones detrás de la cortina de hierro.

Suena todo infantil -con el perdón de los niños y las niñas- pues negar la existencia del otro no te hace ser el único ni tampoco el jefe.

Es gracioso y doloroso ver a las mentes amaestradas de la derecha local suscribir esa manera de estar en el mundo. Gracioso porque son esos mismos sectores los que vienen postulando la globalización desde hace al menos 30 años. Queda claro que nunca han estado a favor de que el país se globalice, sino de que se norteamericanice y europeice más de lo que ya ha estado a todo lo largo de su existencia. Deberían sincerarse porque la globalización que propalan es falsa, solo es neocolonialismo económico, político y, sobre todo, cultural.

Es doloroso comprobar que esas personas, que han gozado de las mayores oportunidades educativas (algunos de ellos políglotas, egresados de universidades de mucho prestigio) tengan una visión tan restringida de la geopolítica y de la historia.

Por ejemplo, oí a personajes que se arrogan el calificativo de “analistas” hablar de Turquía e Irán como sociedades atrasadas con las que no deberíamos relacionarnos si es que estamos en una onda de civilización, progreso y tal.

[Hacen recordar al abominable George W. Bush cuando dijo que sus soldados se iban a meter en “un oscuro lugar del mundo” y se refería nada menos que a la Mesopotamia, una región convencionalmente considerada como la cuna de las mayores civilizaciones de la antigüedad, con enormes conquistas en materia de escritura, organización política y arquitectura. Y los que iban a “civilizarlos” eran los marines, a punta de uranio empobrecido y hamburguesas congeladas en sus portaaviones. Pero ese es otro tema].

Entonces, hay dos opciones: o no conocen la historia ni están al tanto de las cifras y otros datos de la realidad actual de esas naciones; o lo ocultan deliberadamente. No queda claro cuál de las dos opciones es peor.

Si se trata de ignorancia, deberían ponerse a investigar un poco sobre los alcances que llegaron a tener los persas y los otomanos en prolongados períodos históricos. Deberían ponderar cuántos de los avances científicos y tecnológicos y cuántos de nuestros usos y costumbres actuales nacieron en esos períodos.

Igualmente, tendrían que ponerse a revisar lo que han logrado esos países en tiempos recientes, incluso, en el caso de Irán, sobreponiéndose a las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos. Deberían mirar los mapas y ver cuán estratégicos son ambos en el ajedrez actual.

Pero no, sea por ignorancia o por deliberado ocultamiento, solo se habla de estas naciones, y de otras como Argelia o Azerbaiyán como agujeros negros en el planeta o como guaridas de tipos malos que forman parte del autoritarismo global.

Los «analistas» expresan asco porque Maduro visita dictadores y violadores de derechos humanos, lo cual, supuestamente, los excluye de la CI, aunque es la misma CI que acoge en su seno a monarquías despóticas y genocidas, gobiernitos neonazis y al Estado de Israel, que merece siempre un renglón aparte.

El centro del mundo

Puede afirmarse que la CI es el último constructo del mundo unipolar en decadencia. Ya Estados Unidos, la Vieja Europa y Japón no son el poder hegemónico de la economía mundial que fueron durante tres décadas. Varios otros factores les disputan sus roles, espacios y mercados. Pero en el orden diplomático y comunicacional, la noción de CI les permite seguir siendo el centro de mando del planeta.

No hay que desestimar esta conducta ni atribuirla a una especie de delirio de grandeza colectivo de las élites estadounidenses y de sus aliados. Es un mecanismo que procura preservar el dominio imperial, en conjunto con el poderío militar y con los entramados financieros que aún controlan tiránicamente.

En Venezuela tenemos una experiencia directa de lo que la ficción de la CI puede causar en términos reales.

Cuando el nefasto gobierno de Donald Trump decidió nombrar su propio presidente para Venezuela, apeló al apoyo de la CI, lo que significó que unos 60 países se sumaran a ese acto injerencista de la más pura esencia imperial. En un mundo donde hay 200 países, 60 está lejos de ser siquiera la mayoría simple, pero la artimaña de la CI operó y así cristalizó la versión según la cual «el mundo entero» apoyaba al mandatario pelele.

Pues bien, para que se entienda que no es un chiste ni una locura compartida por varias oligarquías, ese concepto de la CI ha servido para que se le robe a Venezuela prácticamente todos sus activos en el extranjero, incluyendo las empresas Citgo, Monómeros y otras menos conocidas, así como 32 toneladas de oro. El apoyo de la CI le ha servido a las delictuales administraciones de Estados Unidos para bloquear y aplicar medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela, disposiciones que han significado muerte, sufrimiento por enfermedad, disminución de la calidad de vida y toda clase de calamidades para el pueblo en su totalidad, incluyendo a los que -por ignorancia o por fanatismo- comparten la idea absurda de que la CI gringa tiene derecho a imponer gobiernos en otros países y a castigar a los que no se dejen.

Una vez que se decreta que algo ostenta el apoyo de la nebulosa CI, ya no importa si el grupo de países se reduce como la piel de zapa de Balzac. Unos meses después del «reconocimiento mundial» del autoproclamado, ya el contingente no era de 60, sino de alrededor de 30 países, es decir, Estados Unidos y sus más obsecuentes satélites y rehenes. Pero la gran maquinaria mediática (incluyendo la “prensa libre” local, pagada por Estados Unidos y algunos países europeos) seguían diciendo que ese gobierno impostor tenía el apoyo de la CI. Aún hoy lo dicen, cuando al sujeto de marras lo repudian hasta sus propios copartidarios y no precisamente de la manera más cortés.

Por fortuna, hay señales de que la idea de CI como el club de Estados Unidos y sus amigos está en crisis. Esto se acaba de apreciar con la IX Cumbre de las Américas, en la que solo los perritos falderos más fieles se echaron en la alfombra de Joe Biden.

La realidad económica, energética y militar grita que ya ese club no es la verdadera comunidad internacional, sino uno solo de sus factores de poder y que los otros tienen los recursos, la ciencia, la tecnología, la historia y el liderazgo que se requieren para disputar la hegemonía del imperio en declive.

Venezuela ha logrado forjar relaciones muy auspiciosas con varias de las potencias emergentes de la verdadera comunidad internacional. Ya lo había conseguido, en un trabajo de más de dos décadas, con China y Rusia, pero luego de ser torturada sádicamente por la CI que encabeza Estados Unidos y su política criminal de bloqueo y sanciones, avanza con decisión hacia otros horizontes, con una combinación muy inteligente de ideas políticas y pragmatismo.

Eso es una nueva derrota para los que siempre se tropiezan con la misma piedra: la del menosprecio al presidente Maduro con el necio argumento del autobús.

Ver a la derecha del Cono Sur (partidista y mediática) tratando escribir el guion de una película de espías, terrorismo y aviones a partir de la nacionalidad y el nombre coincidente de un tripulante; ver al despreciable Marco Rubio lanzándose al piso en una pataleta de niño mimado para que la Interpol le prestase atención; ver a la Casa Blanca y a su secretario Almagro expresando preocupación y repudio por las desventuras del autoproclamado en Zulia y Cojedes han sido señales de que la gira euroafroasiática, como se dice popularmente –y aunque hoy sea Día del Padre- les dio en la propia madre.

Reflexión mediática

“En este caso, los tribunales del Reino Unido no han determinado que la extradición del señor Assange sea opresiva, injusta o un abuso procesal ni han determinado tampoco que su extradición sea incompatible con sus derechos humanos, incluido el derecho a un juicio justo y a la libertad de expresión. Del mismo modo, han concluido que, durante su estancia en Estados Unidos, será tratado apropiadamente, incluso en lo que se refiere a su salud”, concluye el comunicado de la ministra del Interior británica, Priti Patel.

Con estas palabras, el gobierno del caricaturesco primer ministro Boris Johnson ha suscrito su acuerdo con la extradición de Julián Assange, el periodista de investigación perseguido desde hace más de una década por revelar crímenes de guerra y otras barbaridades de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán, Irak y muchos otros “oscuros lugares del mundo”.

Esta es la CI actuando sin tapujos como lo que es: una mafia global en la que el capo di tutti capi es Estados Unidos. Taparean sus delitos, pisoteando sus propios discursos sobre libertades democráticas y de expresión.

Particularmente deplorable es la actitud de la prensa global, que ahora respalda la extradición de Assange o finge ante ella una objetividad que no les cuadra porque, en su momento, los grandes medios se disputaron el derecho a publicar los secretos detectados por WikiLeaks. Ahora se refieren al periodista como “exhacker australiano” y justifican la violación de su derecho de asilo diciendo que se portó mal en la embajada de Ecuador.

Si Assange fuese un periodista del mainstream corporativo mundial y la extradición se estuviese planteando entre cualquier país y Rusia, China, Irán, Cuba o Venezuela, el escándalo sería mayúsculo y cuidado si el asunto no fuese incluso causa de guerra o de bombardeo humanitario. Así funciona la “comunidad internacional”.

Clodovaldo Hernández

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