La hora de la verdad

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La hora de la verdad

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Intelectual venezolano Roberto Hernández Montoya/ Foto: Archivo
Yvke Mundial/ UN/Roberto Hernández Montoya

Los Estados Unidos están en una situación prerrevolucionaria. Lo vengo advirtiendo desde hace años. Hay tensiones violentas: sociales, culturales, raciales, económicas… Y todo el mundo está armado.
Con el coronavirus llegó la hora de la verdad, porque nunca antes la humanidad toda estuvo en cuarentena, inmovilizada, paralizada, paralítica.

El virus está exacerbando la naturaleza de las personas. Las bondadosas se vuelven más bondadosas y las malvadas más malvadas. Da horror leer ciertos tuits. Ni las más escalofriantes películas de terror se comparan con los monstruos que diseminan tuits deliberadamente alarmistas y quienes mandan virus informáticos al personal sanitario de España para colapsar el sistema de salud. O quienes piden más sanciones para Venezuela, Irán y el planeta entero. Quienes en medio de la pandemia invaden a Europa con 30 000 soldados, ninguno de los cuales —supongo— está contagiado, cada uno con su tapabocas —supongo igual.

La Santa Compaña es una procesión de ánimas en pena por los bosques gallegos a medianoche. También la llaman estantigua. En Italia una lóbrega procesión de camiones militares recorre las noches acarreando ataúdes con personas que murieron sin los suyos y su único funeral será esa estantigua.

Por el lado festivo, italiano, se canta ópera por los balcones y coros vecinales entonan el O bella ciao! La perduta gente se consuela como puede. Non hanno ancora lasciato tutta speranza, no han abandonado aún la esperanza, no se termina de abrir el infierno dantesco. O sí… Porque se improvisa una morgue en una pista de patinaje sobre hielo, donde ya no se volverá a patinar igual.

Se habilitan catacumbas. De ellas emergen fantasmas, o se hacen ejercicios agónicos, se aburre, limpia trasteros, cuenta cuentos a sus peques, se irrita, llora, canta, grita, ríe, practica idiomas lejanos, aplaude, hace el amor, cocina, baila, produce música, reza, milita en redes sociales, sigue series, sueña, cada balcón un teatro, se acapara más papel higiénico cuanto menos se sabe para qué. Nos volvemos Ana Frank. Y anacoretas sin vocación deso.

La Parca no solo mata personas, pero ¿por qué más bien no aprovechamos para emprender un nuevo Génesis?
@rhm1947

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