Fuerza y maña

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Fuerza y maña

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Intelectual venezolano Roberto Hernández Montoya (Foto: Archivo)
Yvke Mundial/UN/Roberto Hernández Montoya

Me dicen que más vale maña que fuerza. Quizás exageran, pero parece que no.

Cuando los Estados Unidos eran un imperio serio, y no este mamarracho, no sólo empleaban la fuerza sino también la maña. Edison era un marrullero, pero también inventaba cosas que todavía son útiles. 

Igual el fascista Henry Ford. Igual el energúmeno Steve Jobs. Este popularizó la computadora personal, con la interfaz gráfica facilitó el desarrollo de internet, creó la autoedición, cambió las maneras que tenemos de hacer y oír música, el modo de hablar por teléfono y de hacer mil cosas con él, y hasta el modo de ver la hora. Fue así como hizo de Apple una potencia tecnológica. Hasta que se acabó. 

Hoy en día ya los equipos no son confiables, el software es una calamidad que crea más problemas que los que resuelve, y está apunto de irse a pique por inepta. Aquella Apple genial que acompañamos en la travesía del desierto se acabó para convertirse en una multinacional más, codiciosa, bruta y brutal. 

Huawei se le fue encima y ahora para frenarla tienen que imponerle dizque que sanciones. Conozco un corredor olímpico que siempre gana metiendo tiros a los pies de sus competidores. Así cualquiera. Haberlo sabido cuando intenté ser atleta en el Velódromo Teo Capriles. Hoy sería una leyenda del deporte.

El Imperio ya no descansa en la creatividad de su pueblo sino la bestialidad de sus militares y gobernantes. En patanes como Trump y Pompeo, que tú me dirás qué se puede obtener con ellos sin emplear la fuerza bruta. Brutísima.

Imponen las sanciones a Huawei con aquella arrogancia y al día siguiente tienen que declarar una moratoria porque alguien les advirtió que nada menos que el complejo industrial-militar depende de las tierras raras que le suministra la China y que Venezuela tiene a camionadas. 

¿Aprenderá Trump a consultar antes de tirarse al estricote por la calle del medio? No. Solo harán porque así opera la decadencia y quien va a caer no ve el hoyo. Aquel atleta ganaba metiendo tiros a los demás, no metiéndose tiros en sus propios pies.

Roberto Hernández Montoya 
Escritor
roberto.hernandez.montoya@gmail.com

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