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Ernesto Villegas habla sobre artistas invitados al Festival Suena Caracas

El ministro para la Transformación de la Gran Caracas, Ernesto Villegas, se pronunció sobre la polémica generada por algunos de los artistas invitados al Festival Internacional Suena Caracas.

El comunicador hizo un llamado a disfrutar del espectáculo dejando atrás algunas diferencias de orden político. “Que (algunos cantantes) hayan tenido una figuración política lamentable no quiere decir, en modo alguno, que sus expresiones artísticas no puedan ser apreciadas por el público“, sentenció.

El Festival Suena Caracas se vio envuelto en una controversia local luego de que algunos usuarios en Twitter manifestaran su rechazo a la presentación de los artistas Chino y Nacho, quienes apoyaron las protestas generadas entre febrero y marzo del 2014.

A continuación el texto completo:

Tuve el privilegio de participar, junto con mi camarada y alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, en la rueda de prensa por el lanzamiento del Festival de Música Latinoamericana que se realizará en Caracas a partir del 28 de noviembre.

El Festival venía organizándose desde hace varios meses y, aunque no participé en su concepción y planificación, dada mi muy reciente designación al frente del Gobierno del Distrito Capital, debo expresar mi respaldo personal, político e institucional a esa gran fiesta que convertirá a Caracas en la capital musical del continente.

Un festival no es una misa, ni una clase de catecismo, ni un mitin, sino una gran fiesta que, con seguridad, movilizará hacia los espacios públicos de la Caracas revolucionaria, usualmente invisibilizados por la industria cultural capitalista, a millones de personas, de todas las edades, sectores geográficos, políticos y sociales de toda Venezuela.

De los 137 –léase bien, 137– músicos y agrupaciones nacionales y extranjeras invitados, hay muchísimos, la mayoría, de mi absoluto agrado, otros por primera vez los escucharé, algunos me son realmente indiferentes –bien sea por mi pésimo oído, mala memoria musical o desconocimiento– y unos pocos me desagradan por razones estéticas y políticas. Exactamente como sucede en una fiesta, donde suelen sonar ritmos para todos los gustos.

Respeto la opinión sincera de quienes cuestionan desde el Twitter la inclusión de ciertos artistas en la programación del festival, críticas genuinas que distingo de los laboratorios activados permanentemente para la intriga contra la unidad de los revolucionarios. Repudio, sí, la lamentable decisión de algunos artistas –o de sus managers– de involucrarse en causas políticas innobles, al apoyar la violencia guarimbera y a sus promotores, que enlutaron a 43 hogares venezolanos y causaron daños terribles a la economía y la sociedad toda.

Que hayan tenido una figuración política lamentable no quiere decir, en modo alguno, que sus expresiones artísticas no puedan ser apreciadas por el público, incluso por el más politizado. Insisto: a mí ni me va ni me vienen los artistas objetados, no los extrañaré si decidieran no subir a la tarima, pero comprendo perfectamente que otras generaciones distintas a la mía se identifiquen y disfruten la música que ellos hacen.

La música de Celia Cruz y Oscar D’León es admirada y bailada por revolucionarios en Cuba y Venezuela, muy a pesar de sus acciones políticas. Servando y Florentino, hijos del gran Alí, tienen posiciones encontradas y por ambos deliran revolucionarias y peluconas de varias generaciones. He visto por VTV, en magistrales películas de Román Chalbaud, a un actor que como político es más que detestable, Orlando Urdaneta, cuyas dotes actorales, sin embargo, nadie puede negar.

Nuestro presidente Nicolás Maduro y legiones de chavistas admiramos y bailamos la música de Rubén Blades, gran músico y pésimo político latinoamericano. Cuántos fanáticos del Caracas no han terminado bailando la música del enemigo cuando, en medio de un mosaico de la Billos, se cuela un No hay quien le gane al Magallanes.

En fin, una fiesta es una fiesta. Y vaya que este pueblo nuestro se la merece, luego de un año de heroica resistencia ante ataques de toda índole, destinados todos a robarle la alegría, la fe y la esperanza.

Si acaso alguien tiene que dar alguna explicación, serán aquellos que hasta hace poco aparecían con un “SOS Venezuela” y ahora aceptan la invitación del “régimen chavista” (sic) para sumarse a esa gran fiesta popular. Allá cada quien con su conciencia.

Vayamos, pues, a festejar sin dogmatismos el fin de este año tan duro y abramos las puertas con entusiasmo a un 2015 pleno de victorias para nuestro pueblo.

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