El rey se desnuda

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El rey se desnuda

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Intelectual venezolano Roberto Hernández Montoya /Foto: Archivo
Yvke Mundial /Roberto Hernández Montoya

Hay problemas que desnudan. La pandemia ha dejado en la calle al capitalismo histérico, al que no le importa la vida ni de sus beneficiarios. Sí, se llama alienación y de ella habló Marx. De allí la mortandad en donde el capital reina sin matices.

Hay cuentos estratégicos porque aclaran fundamentos. El traje nuevo del emperador es una de esas fábulas. Devela la porfía en una falsedad que a nadie conviene delatar. Generalmente nace de un chantaje: Quien no ve el traje no es hijo de quien dice ser, circunstancia desastrosa para un monarca, que se vuelve cómplice de sus tracaleros. Hasta que una voz débil e inocente derriba el castillo de naipes.

A la mediática capitalista no conviene revelar las debilidades de sus sistemas públicos de salud y una mortandad en cosa de días, que nadie amaga atender. Eso bajo fritos genocidas como Duque, Trump o Bolsonaro es mortífero. Mientras se los desaloja del poder, los cadáveres ruedan por las calles, a veces literalmente, acuérdate de Guayaquil. Se desbordan las morgues y los cementerios. Y se silencia la experiencia de Venezuela, uno de los poquísimos países que tienen represada la pandemia, cuando más bien debieran estudiarla y considerarla para el Nobel de Medicina.

Otro sí con la debacle climática. Ni porque se inundó el Centro del Universo, o sea, Nueva York, se toma en serio el tema, que solo sirve para alimentar el amarillismo, con vendavales, inundaciones cabe sequías, incendios forestales y demás desmadres que plenan los monitores.

Otro sí con los talibanes, de quienes poco o nada se dice de que nacieron como empresa imperial anticomunista que se fue de las manos, como es habitual en las guerras, que se sabe cómo empiezan pero no cómo terminarán. Si es que terminan. ¿Hablamos de la guerra imperial infinita? Siempre hay a quién invadir, sancionar, bloquear, bombardear, exterminar. Cuando esa guerra no la comanda un energúmeno como Trump, la conduce un pandorga como Biden, la misma guerra. A Hitler se le enredó el yoyo en la Urss y perdió la guerra después de decenas de millones de muertes. La soberbia embrutece. Otro cuento crucial: El aprendiz de brujo.

Multiplicar los ejemplos sería ocioso y más morboso que este artículo.

 
 
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