China en un frasco

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China en un frasco

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Periodista venezolano Earle Herrera /Foto: Archivo
Yvke Mundial /UN/Earle Herrera

Mantener oculto a un país del tamaño de la China continental no es fácil. Pero la mediática occidental y su industria cultural lo lograron durante décadas, si no siglos. La metieron en una lata de sopa Campbell, sin permiso de Andy Warhol. O en un frasco menos artístico, como el que preserva la salsa de tomate. Allí pretendieron ocultar a los ojos del mundo la patria de Mao.

De China no sabíamos nada, si es que ahora sabemos algo. Hollywood nos vendió un estereotipo -¿acaso vende otra cosa?- montado en los bulliciosos y mafiosos barrios chinos de la ciudad de San Francisco. A sus habitantes los llamábamos “chinitos”, con un diminutivo con el que pretendíamos reducir a un gigante. Piel amarilla, ojos oblicuos, voz cantarina y todos y todas iguales, como copias. Chinitos.

De súbito, un colosal país emerge de la lata de sopa y son los occidentales los que parecen aquellos “chinitos” creados por Hollywood, con esa risa nerviosa ante los más grandes. Huye, con el rabo entre las patas, el león de la Metro Goldwyn Mayer. Se desmorona la montaña de la Paramount Pictures. Las redes ni pestañean porque China las tiene en los bolsillos. Por muy imperio que se sea, no resulta fácil mantener oculto a un gigante no solo geográfico y poblacional, sino también económico y tecnológico.

Pero no hemos visto nada. Con la entrada de uno o dos canales chinos que se cuelan por las cableras, asistimos a las pinceladas de sus artes en todas las especialidades, a su cotidianidad, a su deslumbrante tecnología que deja lejos a occidente, a su riquísima diversidad cultural, a su gastronomía, a sus modas, a su educación, a su desarrollo científico, a sus diversiones, a sus deportes, a su comercio, a su agricultura, a su fortaleza aeroespacial y militar, en fin, se acabó el “cuento chino” de Hollywood y de todas la industria cultural, o mejor, ideológica, como lo precisó Ludovico Silva.

Por supuesto que el supremacismo eurogringo está desconcertado. No entiende por qué lo quieren enseñar a hablar el mandarín. Las arrugas de la anciana Europa se acentúan y el “sueño americano”, como diría Calderón, sueño es. ¿Ni Marx ni Jesús? Pregúntenle a Mao. Estados Unidos y la Unión Europea pretenden, con sus sanciones, volver a meter a la China en un frasco. Pero ya es un poco tarde.

 
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