Calentamiento global podría desbalancear ecosistemas antárticos

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Calentamiento global podría desbalancear ecosistemas antárticos

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Foto: Archivo.
YVKE Mundial/ Prensa Latina

El cambio climático podría permitir que depredadores capaces de romper conchas, se asienten en la plataforma continental antártica, lo cual perturbaría la fauna marina endémica.

Ciertos crustáceos de la familia Lithodidae, también conocido como Cangrejo rey, se convertirían en depredadores de alto nivel en esos ecosistemas acuáticos donde no han intervenido en decenas de millones de años, explica un estudio dado a conocer por la revista PNAS en su última edición.

El equipo internacional de Richard Aronson, profesor y jefe del Departamento de Ciencias Biológicas del Instituto Tecnológico de la Florida, en Estados Unidos, relacionó la reaparición de estos crustáceos con el calentamiento global.

"La creciente temperatura marítima frente a la costa oeste de la Península Antártica, uno de los puntos del planeta que se está calentando más rápido, muy probablemente haga posible que poblaciones de esos crustáceos se propaguen hacia la poco profunda plataforma continental", explicó el científico.

Los hábitats actuales de esos animales se encuentran en las profundidades del mar, pero según el documento, pueden trasladarse y adaptarse en el plazo de unas pocas décadas.

Los investigadores no encontraron barreras, como niveles de salinidad inadecuados, tipos problemáticos de sedimento en el fondo marino, o recursos alimenticios demasiado escasos, que impidan que estos crustáceos depredadores invadan dichos ecosistemas si el agua se hace lo bastante cálida.

"Ese avance tendría un enorme impacto: dado que otras criaturas en la plataforma continental evolucionaron sin depredadores capaces de romper conchas, si los litódidos aparecieran allí podrían reestructurar radicalmente el entorno", puntualizó Aronson.

El artículo subraya que los resultados proporcionan datos iniciales y no demuestran por sí mismos que las poblaciones de tales animales vayan a propagarse hacia aguas menos profundas.

Para James McClintock, otro de los autores del estudio, el único modo de poner a prueba la hipótesis es hacer un seguimiento de esos litódidos, de sus movimientos a través de una vigilancia a largo plazo.

/N.A

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