¡No matarás!

Artículo de opinión

¡No matarás!

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Mentes criminales acabaron en pocos segundos con la vida de dos jóvenes protectores de la ciudadanía. (Foto: Archivo).
YVKE Mundial/ Beltrán Haddad

Esas muertes no se han producido por caso fortuito ni por locura transitoria; se cometieron por odio. Aquel autobús o buseta en manos de mentes criminales acabó en pocos segundos con la vida de dos jóvenes protectores de la ciudadanía, dos muchachos acariciando la vida, víctimas de los que echaron su traza para buscar nuevamente una “salida” del gobierno. Otra protesta convertida en “guarimba” que infunde miedo, que amenaza, destruye y causa muertes. Pero lo grave de todo eso es que el hecho criminal indignante, que le quita la vida a cualquier ser humano, en medio de una ceguera política que arrastra a un sector de la oposición hacia un odio fincado en el conflicto de las diferencias, va camino del terror. Es una situación de aversión de unos hacia otros, de opositores contra aquellos que no comparten sus ideas y sus intenciones, que asusta porque sabemos que ese odio hace más de 15 años los conduce a la violencia y hoy ya están en el camino del terrorismo. Señores, camino del terrorismo, del terror y de la muerte. Es poco, no es nada del “paso al acto”. Ya no responden al ¡No matarás! de los Diez Mandamientos y el Código Penal.

Los odios políticos en América Latina han dejado secuelas trágicas y muchas de ellas espeluznantes. Eso no debemos olvidarlo nunca. Las historias perduran, pero cuando se trata del odio al diferente cuyo mal se desea, sus consecuencias son trágicas e impredecibles y cada historia puede convertirse en dos y tres historias y así sucesivamente. No es el arte de contarlas, como diría un buen escritor de relatos, sino el solo pensar que muchos seres las vivieron en estremecimiento de cuerpo y alma. Venezuela en su historia no ha escapado de odios políticos, ni de racismo tradicional ni de ese racismo moderno que actualmente se apodera de un sector que odia al pobre o marginado. No me refiero al “malandro” o delincuente, sino a ese ser que se levanta a las cuatro o cinco de la mañana al trabajo digno y a la dureza cotidiana. No puedo olvidar que en el odio al diferente contamos la historia de nuestros torturados, muertos y desaparecidos en los gobiernos del pasado de este país. La diatriba política en Venezuela ya no puede estar por encima del discurso reposado ni sustituir el ¡No matarás! por el terror y la muerte.

Abogado

/N.A

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