¡Heil Trump! Heil Trump!

Por Basem Tajeldine

¡Heil Trump! Heil Trump!

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Foto: Archivo
Yvke Mundial/Basem Tajeldine

El fanatismo espantoso que se desató este fin de semana pasado en Virginia, Charlottesville, tiene mucho que ver con la elección de Donald Trump como nuevo inquilino de la Casa Blanca en Estados Unidos. La crisis económica, social y política que vive el país otrora potencia norteña es la única y correcta explicación que encuentra el resurgir de la xenofobia y el racismo en la propia “meca del capitalismo global” y del “sueño americano”: Estados Unidos.

Decía Carlos Marx que el capitalismo tiende a destruir todo a su paso, nació chorreando lodo y sangre por su poros, invadiendo, destruyendo pueblos enteros, y no podría morir de otra manera. El capitalismo destruye sus únicas fuentes de riquezas: el trabajador y el medio ambiente. Si nadie desconfía de estas afirmaciones marxianas, pero cree tener ojos para ver y cerebro para pensar, pues sólo le bastará con mirar lo que ocurre dentro de las entrañas del demonio imperial: las desigualdades no paran de crecer, así como la pobreza y la contaminación. Ésto hace que un sector clase trabajadora, especialmente los blancos de la “clase media estadounidense” (media inteligente, a decir del gigante Mario Benedetti) sea arrastrado a las fauces de la extrema derecha, encontrando explicación a su miseria en la falsa idea del supuesto “robo de los puestos de trabajo que causan los inmigrantes indeseados negros, amarillos o musulmanes”.

Lo que ocurre en Estados Unidos es sólo el comienzo de lo que muchos como brillante intelectual estadounidense Enmanuel Wallerstein advierten como “conatos de guerra civil” en Estados Unidos.

El triunfo de Donald Trump ha exacerbado a escala global, y particularmente dentro de aquel corrompido país, los sentimientos supremacístas anglosajones de odio y desprecio contra los pueblos no-blancos. Su agresivo discurso cargado de patrioterismo barato, clasismo y xenofobia antinmigrante en un país lleno de inumerables problemas sociales, pobreza y de personas con poco nivel cultural (de “Estúpidos hombres blancos”, a decir del cineasta y libro del escritor estadounidense Michael More) ha sido campo fértil para alentar a los grupos ultraderechistas y neofascistas estadounidenses y en todo el mundo.

Si bien Trump no es la causa de los problemas estadounidenses, sí es -al igual que Hitler, Mussolini y Franco lo fueron- consecuencia de la crisis del sistema capitalista. Su llegada al poder manifiesta el regreso al fanatismo ultra derechista que tanta miseria, luto y desgracia llenó la historia de ese país. Miembros de grupos supremacístas como el KKK, entre otros, encuentran en Trump a uno de los suyos.

-Heil Trump! Heil Trump!

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