Crónica

31 caraqueñ@s por día (Crónica)

Al principio no establecí la conexión, que luego se transformó en una metáfora anticipatoria: el jueves fue el día del huevo.

Quien viniera por primera vez a Venezuela y recorriera las calles de Caracas, hace dos jueves atrás, se habrá llevado la impresión de que hay una fecha a la semana para la repartición de huevos en la ciudad. Gente llevando huevo desde la avenida Baralt hasta San Martín, en el Metro, en las peluquerías, en los restaurantes, por la Andrés Bello. Mujeres al borde de un ataque de nervios corriendo detrás de los huevos en Quinta Crespo, un par de viejitos apurados con dos cartones, como huyendo de Sodoma; un muchachito haciendo maromas con un huevo que nunca se cayó de sus manos inquietas, un obrero que llevaba una cerveza en una mano y el cartón de huevos en la otra. Una doctora amiga dejó una operación a la mitad y salió corriendo a buscar sus huevos.

Así llegué, distraído, a la Maternidad Concepción Palacios, donde lo primero que me dijo el doctor Odremán es que entre septiembre y octubre nacen más niños. Es una estadística que manejan muy bien los obstetras y peló por el cuadro descriptivo que, además, refiere que en la Maternidad nacen, en promedio, 31 niños y niñas al día. Tratamos de especular sobre las posibles causas y ninguno de los dos quedó satisfecho: las fiestas, el frío, las vacaciones, la resaca de hace nueve meses. Lo consulté con el equipo de Épale CCS y tampoco hubo demasiadas coincidencias, aunque sí una matriz: el ponche crema más los aguinaldos más el frío. Podríamos agregar que hay algún poder afrodisíaco en el guiso de las hallacas, pero lo cierto es que si entre septiembre y octubre nacen más bebés, entre diciembre y enero se copula más, y ese es un dato potentísimo para calcular la felicidad de las personas en este país y cuándo acometer ciertas cruzadas.

El doctor José Luis Odremán, director de la maternidad más grande e importante del país, estaba molesto cuando me recibió. Primero pensé que era porque le estaba robando tiempo para ir a buscar su cartón, pero luego me confesó que era que los anestesistas se habían desaparecido ese día, casualmente. “Una metió un reposo por debajo de una puerta, otro mandó un justificativo tarde, otro simplemente no apareció”. El asunto se resolvió buscando algunos suplentes, pero dejó clara su sospecha: así se dan los golpes suaves, el saboteo con gotera que tanto daño le hace a las instituciones públicas, a pocos días de unas elecciones cruciales.

Enseguida pasó la página. “En una maternidad se produce amor”, soltó con alegría recién estrenada. Es así. No hay momento más feliz que el nacimiento de un hijo, incluso para Anabel Ruiz, que a pesar de que su bebé estaba en terapia intensiva, después de haber convulsionado, lo mantenía envuelto en sus brazos con una sonrisa cansada, pero sonrisa al fin.

Franchesca, Andrea y Heisha lo confirmaron: eran niñas cuidando niñas, en el piso 4 del hospital, que es el que está destinado para atender a las madres adolescentes, con 52 camas a disposición. Ninguna quería fotos. Una había sido intervenida por cesárea y las otras dos parieron al natural. Franchesca se animó y puso una cara bonita, difícil con apenas 16 años y la gran responsabilidad que acarrea sostener la vida de otro ser humano. Su hija, Henderlis, había visto la luz del mundo cinco días antes pesando tres kilos y medio, porque salió como la mamá, gigante.

“Alrededor de 20% de las embarazadas en Venezuela son adolescentes”, nos explica Odremán y eso genera, a su vez, otro de los grandes dramas de la maternidad nacional: un altísimo porcentaje de los nacimientos se produce antes de la semana 36, lo cual implica una prematuridad con grandes riesgos para la vida del lactante. Por eso, uno de los esfuerzos de la institución es transformar algunos paradigmas: se hacen 35% de cesáreas frente a un 65% de partos, intentando que la fisiología funcione, es decir, la vía natural, “siempre que no haya ningún inconveniente que ponga en peligro la vida de la madre y el niño”.

También se viene trabajando en la formación y toma de conciencia en la sexualidad de jóvenes y adolescentes, por lo que en el edificio de consultas Negra Matea, anexo a la Maternidad, se dictan talleres de planificación familiar y se forma a las madres para promover la lactancia y las técnicas adecuadas que permitan una alimentación saludable y natural del recién nacido.

Como douglas y canguros

La Maternidad tiene operativas 355 camas obstétricas para la atención de parturientas y 64 camas para atención de recién nacidos en estado crítico. La meta, en palabras de su director, es crecer el año que viene en 30%, para lo que se necesita expandir los cuatro cupos de terapia intensiva neonatal y cuatro de terapia intensiva intermedia a 15 y 20, respectivamente, ya que se trata de un centro de referencia nacional para las pacientes que evidencian complicaciones durante el embarazo y previas al parto. El Gobierno del Distrito Capital y el Ministerio de Salud tienen previsto destinar recursos para operativizar el área de terapia intensiva neonatal que, además, recibirá aportes provenientes de un convenio con Argentina para el equipamiento de esa unidad en el primer trimestre de 2016.

Se trata de un universo complejo de 2.500 trabajadores y miles de pacientes cada día, no exento de la exposición pública: allí se nace y todo lo que implica ese acto luminoso, marcado por la naturaleza y los dioses, mantiene a flor de piel las emociones.

Uno de los vigilantes se persigna cuando le pregunto por la inseguridad, que hace dos años le quitó la vida a la enfermera Milagros Franco, agredida a golpes por dos pacientes que presentaban conducta delictiva y estaban en condición de calle y farmacodependencia. Me asegura que “gracias a Dios” eso no ha pasado más, mientras chequea los bolsos de los familiares que van ingresando en fila india, pero apurados, copando los pasillos y las salas del edificio a la hora de visitas.

Rosmilda Marcano, enfermera coordinadora de la unidad Materno Fetal, también afirma que la calma reina y —con vocación de matrona santificada y chalequito azul marino minado de pines e insignias— dice que la enfermería debe también tomar conciencia de la atención a las pacientes, ya que “ellas tienen demasiados problemas para nosotros agregarle más con nuestra actitud y maltrato”. Fidelia, su madre, fue asertiva cuando a sus 16 años la metió a estudiar enfermería. “Hay que tener una sonrisa siempre y colaborar con los demás, ese es nuestro trabajo”. Tanto, que desde hace pocos días se comenzó a implementar el programa de las “doulas” (del griego dula que significa esclava) para proporcionar apoyo físico y emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y el postparto. Son voluntarias que se certifican a través de talleres dictados en la Maternidad para que estén al lado de la parturienta, incluso en quirófano, dando calor familiar en un espacio tan frío y duro al momento de dar a luz. “La idea es que se convierta en un programa nacional”, señala Odremán.

También se viene aplicando, desde hace varios meses y luego de un proceso de formación en Colombia, el método Madre Canguro, que no es más que la posibilidad de que la madre del recién nacido en terapia pueda mantenerlo en su pecho y conversar con él, para que se aferre a la vida desde esa alforja amorosa.

La imagen no puede ser más tierna, pero Winifer Tovar no parece un canguro. Es una morena de 18 años con aspecto de madre fortachona de Barlovento, de Capaya específicamente, con su bebé ceñida al pecho como un encaje. Su hija ha evolucionado bien: su trabajo ha sido pegarla a su cuerpo, hablarle, darle calor. Se nos hace un nudo en la garganta cuando Michael logra sacarle una sonrisa a esa criatura nacida en su semana 33, con algo menos de un kilo de peso. Luego, hay algo místico en el gesto de otra bebé: mientras toma fórmula de manos de una enfermera, coloca sus deditos del grosor de un lapicero en signo de victoria, cosa que nadie nunca podrá explicar.

“Estamos tratando de cambiar los paradigmas de la atención al parto para que nuestras pacientes tengan confianza en el sistema público de salud, que muchas veces se vilipendia y ataca”, resalta Odremán.

Son nueve pisos de amor y victoria, porque la vida es un milagro cotidiano. Pero también hay sinvergüenzura de algunos que trafican con la salud. Odremán nos explica que son muy pocos los casos de robos de equipos, pero existen y han sido denunciados. También apunta a la guerra económica, que ha hecho lo suyo para que escaseen algunos insumos vitales en la cotidianidad de un hospital: los tubos de muestra, por ejemplo.

Pero nunca, como ahora, se cumple oportunamente la dotación y la asignación de recursos, según él. Hay un aporte trimestral por la vía de asignación financiera del Ministerio de Salud de 14 millones de bolívares, y un aporte continuo en material médico quirúrgico y equipos de la Dirección de Salud del Gobierno del Distrito Capital y el ministerio. Recientemente sustituyeron diez camas de la sala de partos y se recibió una importante dotación de instrumental.

Solo así, supongo, puede sostener la Maternidad el ritmo vertiginoso de 31 niños y niñas nacidos por día, más de uno por hora, todos los días, en una Caracas donde se ve que reina el amor, el placer y la vida, aunque algunos insistan en decir lo contrario.

Sí, también compré mi cartón ese día. No iba a llegar a la casa sin huevos.

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